Una historia fascinante

El San Bernardo es una raza de origen antiquísimo, tanto que su verdadera historia se pierde en los caminos de la leyenda, gracias, en gran parte, a los extraordinarios servicios que desde siempre ha prestado al Hombre.

Las legiones romanas encontraron el paso alpino que comunicaba Italia con Suiza a más de dos mil quinientos metros de altitud y que ya había sido utilizado por las tribus celtas que invadieron Italia en el siglo IV antes de Cristo. Dicho paso fue bautizado como el del Monte Júpiter y allí se edificó un templo en honor a la gran deidad romana y se hizo pasar una de las principales calzadas romanas. Con el paso de los siglos dicho paso se convertiría en uno de los puntos de comunicación más importantes entre la Europa Central y el Mediterráneo, lo que prodigaba la presencia de viajeros, comerciantes, peregrinos y bandidos.

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Sobre las ruinas del templo pagano se construyó un monasterio en el siglo X y una hospedería para dar alojamiento y cobijo a los viajeros. Dicho monasterio fue dedicado a San Bernardo y acabaría dando nombre al propio paso. Desde el primer momento se conoce la presencia de grandes perros acompañando a los monjes hospitalarios, descendientes con toda probabilidad de los grandes molosos asiáticos y de los que llegaron a la zona acompañando a los romanos.

Debido a las especiales características de la zona y a la climatología extrema, eran frecuentes las ocasiones en que los monjes debían salir a buscar a viajeros perdidos o que habían quedado heridos en la montaña. En esas salidas se hacían acompañar de sus perros que servían de guías, de protección e incluso de animal de auxilio y transporte.

Las historias acerca de las hazañas de los perros del convento de San Bernardo pronto se extendieron por toda Europa y las primeras representaciones de la raza datan de finales del siglo XVII.

Durante el siglo XVIII los relatos acerca de rescates en la montaña por parte de los perros de San Bernardo se hicieron cada vez más comunes, pero a principios del siglo XIX la raza se vió diezmada por la sucesión de varios inviernos durísimos que se saldaron con numerosas bajas en acto de servicio. Al parecer, los monjes utilizaron cruces con otras razas para poder recuperar la crianza de sus perros, citándose entre ellas a los Dogos Alemanes y a los Mastines ingleses, entre otras.

 

La manera de trabajar de los perros de San Bernardo era diversa. En principio no eran animales de rescate propiamente dichos sino que acompañaban a los monjes en sus salidas en busca de viajeros y peregrinos en peligro. Los perros, grandes, resistentes y fuertes, podían transportar ciertos enseres e incluso tirar de los heridos si era necesario. Pero además, estos perros tenían un instinto especial para predecir los aludes y servían de aviso muy útil para que los monjes buscaran refugio cuando era necesario.

Normalmente trabajaban en pequeños grupos acompañando a los monjes, pero también se daba el caso de algunos machos a los que se dejaba deambular en solitario por las cercanías del Monasterio en busca de algún viajero en apuros. En muchas ocasiones los perros localizaban a las personas enterradas en la nieve y los desenterraban con gran destreza conduciéndolos después hasta el refugio más próximo. Para recuperar el aliento y dar un poco de calor inicial algunos perros portaban al cuello un pequeño barril de ron o de otro licor que se ha convertido en una de las señas de identidad popular de la raza.

En principio, los perros de San Bernardo eran de pelo corto, muy denso, tupido y fuerte, pero los cruces experimentales con ejemplares de Terranova llevados a cabo hacia 1830 dieron lugar a la aparición de los ejemplares de pelo largo. En principio algunos querían buscar una mayor protección contra el frío, pero resultó que el pelo largo acumulaba mayor cantidad de nieve, con el consiguiente exceso de peso y era más difícil de mantener seco, lo que repercutía en una mayor predisposición a ciertas enfermedades. Los monjes volvieron enseguida a seleccionar sólo ejemplares de pelo corto, pero la variedad de pelo largo ganó adeptos entre los aficionados por su espectacular belleza, por lo que, a pesar de su menor utilidad, su supervivencia quedó inmediatamente garantizada.

No sería hasta 1880, cuando la cinofilia se empieza a organizar en todos los países de Europa y a recoger las características de las razas nacionales en estándares raciales y libros de cría, cuando se le daría a la raza el nombre de su lugar de origen y al cual siempre se le había asociado: San Bernardo.

La raza había alcanzado gran popularidad desde mucho antes de gozar con un reconocimiento oficial. Hasta Inglaterra habían llegado ejemplares de la misma desde principios del siglo XIX e incluso fue reconocida como raza unos años antes que en su propio país de origern. La Sociedad Central Canina Suiza se funda en 1883 y reconoce a la raza en 1884, pero los ingleses, cuyo Kennel Club funcionaba de manera independiente y no mantenía relaciones de reconocimiento con otras entidades similares, redactaron el suyo propio en 1887 provocando una fuerte controversia entre los aficionados a la recién reconocida raza.

 

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Carácter: su virtud más apreciada

El San Bernardo es un perro amable y muy afectivo. Se trata de un excelente animal de familia y tiene una relación extraordinaria con los niños. Obediente, leal y paciente uno de los mayores deseos del San Bernardo es agradar a sus dueños. Debido a esta predisposición es esencial promover la adecuada socialización de la raza desde que son muy cachorros ya que sería una pena propiciar que un perro tan extraordinario desarrollase un temperamento arisco y receloso por no haber sido convenientemente educado.

El San Bernardo se lleva bien con todo el mundo y no tiene reparos para admitir como a uno más de la familia a todo aquel que llega a la casa. Esto no quiere decir que se trate de un perro confiado hasta el extremo de no guardar la casa ya que por sus venas corre sangre de mastines y, aunque de forma tranquila y sosegada, el San Bernardo también advierte de la presencia de cualquier extraño que se aproxime de manera imprevista.

El San Bernardo es muy inteligente y se le puede adiestrar con gran facilidad, aunque es recomendable empezar a trabajar a una edad temprana si se quieren obtener resultados rápidos y duraderos. Es importante enseñar al San Bernardo a valorar su tamaño y su potencia. No se puede dejar que un animal de casi cien kilos se abalance sobre cualquier persona, incluso aunque sea con intención de jugar o de saludar. De igual manera, el adiestramiento para andar con la correa debe iniciarse cuando el San Bernardo es un cachorro para poder mantenerlo bajo control si es necesario.

 

A pesar de su tamaño, el San Bernardo puede vivir casi en cualquier sitio, incluyendo un apartamento en el centro de la ciudad, aunque siempre preferirá hacerlo en una zona con espacios abiertos de fácil acceso. En cualquier caso, el San Bernardo necesita hacer ejercicio a diario para mantener engrasada y en forma una maquinaria tan sumamente pesada y es un error caer en la tentación de dejarle holgazanear a sus anchas.

Un San Bernardo puede ser utilizado en actividades de diversa índole, pero sin duda serán las labores de salvamento y rescate las disciplinas más adecuadas a sus condiciones naturales.

El dueño de un San Bernardo debe tener capacidad de liderazgo y una fuerza física adecuada para poder controlar a su perro. No es necesario que tenga una gran experiencia en la tenencia de perros ya que la raza es sumamente fácil de trabajar y apenas si requiere un poco de interés y el adecuado asesoramiento.

La raza cuenta con clubes de criadores prácticamente en todo el mundo y a través de estas asociaciones se puede encontrar un gran número de actividades para realizar con el perro. Al San Bernardo le gusta sentirse útil, saber que tiene algo que hacer, y de esa manera mantenerse ocupado y realizado física y mentalmente.

Por su belleza y su espectacularidad el San Bernardo es uno de los molosos más populares entre los aficionados a las Exposiciones caninas.

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Apuntes de salud

Las razas gigantes suelen tener una esperanza de vida más corta que las medianas y pequeñas. El San Bernardo no es una excepción y, aunque hay casos documentados de ejemplares mucho más longevos, la media de vida de la raza se sitúa en torno a una máxima de diez años. Las afecciones más características de la raza coinciden con las de otras de su mismo tamaño y están relacionadas directamente con él.   La displasia de cadera y codos es habitual, por lo que es muy importante controlar a los individuos utilizados en la reproducción y enfatizar la importancia de una crianza adecuada durante el periodo de desarrollo físico, procurando que los jóvenes San Bernardos no crezcan gordos, que tengan una alimentación adecuada y que hagan el ejercicio necesario para favorecer un correcto desarrollo. También son frecuentes algunos  problemas articulares en la madurez, relacionados con un desarrollo o una alimentación inadecuadas, o un riesgo por encima de la media a sufrir torsiones de estómago, por lo que es recomendable dividir la ingesta diaria en dos o tres tomas y no administrar agua y alimento en abundancia inmediatamente antes o después de hacer ejercicio. No escapa el San Bernardo a determinados  problemas de ojos (entropion o ectropion) relacionados con el tamaño y forma de la cabeza y la abundancia de pieles que caracteriza a la raza.

 

El San Bernardo necesita de una alimentación de alta calidad, especialmente durante el desarrollo, cuando hay cuidar la dieta hasta el extremo, para garantizar que el espectacular desarrollo físico del primer año se produzca de manera armoniosa.

Es imprescindible evitar la obesidad en una raza de este tamaño y peso, pues esta condición, cuya extensión actual entre todas las razas caninas puede llegar a ser calificada de pandemia, es la causa originaria de muchas alteraciones secundarias, algunas de ellas muy graves, especialmente en la etapa de desarrollo y en la vejez.

El San Bernardo es poco exigente en cuanto a mantenimiento estético. Necesita de un cepillado regular que puede ser semanal, aunque se hará con mayor frecuencia en las temporadas de muda. Para cepillar convenientemente a un San Bernardo se puede utilizar una carda metálica fuerte y una herramienta tipo rastrillo o “coat king” a fin de trabajar el manto doble en profundidad.

El baño se reserva para cuando el perro esté realmente sucio y es preciso tener en cuenta el tamaño y peso del animal a la hora de manipularlo, pudiendo ser necesario el concurso de más de una persona a la hora de meterlo en la bañera o subirlo y bajarlo de una mesa de arreglo.

 

Sobre El Autor

Propietario, expositor, criador y juez canino; Periodista y escritor de divulgación canina. Ha dirigido las revistas “Perros de Hoy”, “El Perro en España”, “Murcia Canina”, “Cobro” y “Todo Perros” y las web “Perros de Hoy” y “Perros 365”. Es autor de “La Gran Enciclopedia Canina” (RBA) y del libro “RSCE 100 años de historia”.

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