Cuando hablamos de nutrición, lo primero en lo que piensan muchos propietarios de perros, especialmente los criadores o dueños de perros de trabajo o exposición, es en el nivel de proteínas.

Las proteínas son fundamentales, pero no sóo para ayudar en la producción de energía, sino como componente fundamental a la hora de construir y reparar la musculatura y otros tejidos orgánicos, así como para facilitar los aminoácidos esenciales para muchos procesos químicos y hormonales.

 

¿Qué hacen las proteínas?

Las proteínas se encuentran en cada una de las células corporales, formando la estructura de músculos, pelo, piel, uñas, ligamentos, cartílagos y todos los órganos vitales. Todos los tejidos corporales están sometidos a un proceso permanente de cambio, ya sea por el crecimiento o por desarrollo, reparación después de una lesión o enfermedad, etc… Sin el aporte adecuado de proteínas, estos procesos de regeneración serían imposibles.

También son importantes las proteínas para el correcto funcionamiento del sistema hematológico. Los glóbulos rojos contienen una proteína llamada hemoglobina que transporta el oxígeno a todos los tejidos. Los anticuerpos, primer arma de defensa contra las infecciones, están hechos también de proteínas moleculares. Las proteínas son el principal componente de las hormonas, incluídas todas las que afectan al sistema reproductivo (estrógenos, testosterona…) así como de las que regulan el nivel de glucemia en sangre (insulina, glucagón) Por eso, las proteínas son tan importantes para los perros, especialmente para aquellos que tienen un nivel de actividad diaria superior a lo normal o que se ven regularmente sometidos a ciertos procesos de estrés (viajes, exposiciones, pruebas de trabajo, reproducción…)

Aunque lo normal es que la energía se tome directamente de otras fuentes (grasas e hidratos de carbono, principalmente) las proteínas suponen un “fondo de reserva” del que poder tirar en caso de necesidad y a veces los perros sometidos a esfuerzos grandes pueden necesitar tenerlas disponibles.

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¿Qué son las proteínas?

Las proteínas están hechas de aminoácidos y éstos, a su vez, están compuestos de elementos esenciales como el carbono, nitrógeno, oxígeno e hidrógeno. Hay 22 tipos de aminoácidos diferentes y según se combinen dan lugar a una particular proteína u otra. Cada proteína tiene una composición o cadena de aminoácidos diferente.

Al comer, el sistema digestivo de nuestros perros descompone las proteínas en aminoácidos individuales o en grupos de éstos, llamados péptidos. Es entonces cuando los aminoácidos son absorbidos por el tracto intestinal pasando al torrente sanguíneo, donde se encontrarán disponibles para formar determinados tipos de proteínas, útiles para determinadas funciones.

Una particularidad de las proteínas es que, al contrario de las grasas, por ejemplo, no se pueden almacenar y por eso los perros necesitan ingerirlas a diario. De no hacerlo y prolongarse esta situación de “autoabastecimiento” en el tiempo, se podrían dar con mayor facilidad ciertos procesos degenerativos.

Los perros sintetizan sólo 12 de los 22 aminoácidos existentes. Son los conocidos como “Aminoácidos No Esenciales”. Cuando un perro no tiene el aporte adecuado de estos aminoácidos en su dieta, puede sintetizarlos “tomándolos prestados” de otros tejidos corporales, lo que, al final redunda en una degeneración física que puede ser muy importante.

Los 10 “Aminoácidos Esenciales”, al no ser sintetizados por el perro, deben administrarse diariamente a través de la dieta, para prevenir estados de carencia que pueden perjudicar a la salud.

 

Equilibrio de Nitrógeno

A través de la ingesta diaria de proteínas, los perros obtienen el aporte necesario de aminoácidos y de nitrógeno. Precisamente es posible saber si el nivel de aporte de proteínas diario es adecuado midiendo el Equilibrio de Nitrógeno, resultante de restar al Nitrógeno aportado con la dieta el excretado a través de la orina y las heces.

Cuando la ingesta de nitrógeno (proteínas) es igual a la cantidad excretada, se habla de un Equilibrio Cero.

Cuando la ingesta es mayor que la cantidad excretada, hablamos de un Equilibrio Positivo. Este estado Positivo es necesario, por ejemplo, en etapas de mucho estrés o desarrollo, como es el caso de los cachorros o de las madres gestantes.

Cuando la cantidad excretada es mayor que la ingerida, hablamos de Equilibrio Negativo del Nitrógeno. Ningún perro debería estar en esta situación, porque es aquí cuando se empieza a recurrir a los propios órganos para sintetizar los aminoácidos necesarios, dando lugar a situaciones de degeneración. Se suele ver casos de Equilibrio Negativo en perros malnutridos o con alguna enfermedad grave, como una deficiencia renal severa, por ejemplo.

Un perro de trabajo, exposición o crianza nunca debe estar en Equilibrio Negativo de Nitrógeno, de ahí la importancia de utilizar alimentos de calidad que aporten la cantidad necesaria de proteínas de alta digestibilidad, procedentes, en su inmensa mayoría, de fuentes animales.

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Hay proteínas y proteínas

No todas las proteínas son iguales. Todas están compuestas de una cadena específica de aminoácidos esenciales y no esenciales. Por eso, es más importante saber la fuente de las proteínas que componen la alimentación de nuestro perro que quedarse sólo con el factor numérico de la formulación.

Cuanto mayor sea la cantidad de aminoácidos esenciales que contengan las proteínas, mayor será su valor.

En general, las proteínas procedentes de fuentes animales son de mayor calidad que las que proceden de granos y vegetales (maíz, trigo, soja…) ya que la variedad de aminoácidos de estas últimas y, especialmente, la cantidad de aminoácidos esenciales que aportan, es mucho menor.

Por eso es tan importante saber leer e interpretar los listados de componentes de la comida de nuestros perros. Cuando la cantidad y la importancia del aporte de proteínas vegetales es mayor que el de las animales, la calidad del alimento será menor. Igualmente, si vemos listados individualmente ciertos aminoácidos esenciales, tales como la lisina, metionina, triptófano, etc… puede significar que el fabricante los haya tenido que añadir artificialmente para enriquecer la fórmula debido a que la calidad de sus proteínas no es lo suficientemente buena.

Una de las cosas más importantes a la hora de valorar un alimento es su índice de digestibilidad. Las proteínas deben ser fácilmente digestibles, para poder transformarse de manera rápida en aminoácidos y péptidos individuales. Si la proteína no es muy digestible, el tracto intestinal no podrá sacarle todo su partido.

Para ilustrarlo con un ejemplo, las plumas de las aves están compuestas, mayoritariamente, de proteínas y, además, contienen una variedad muy rica de aminoácidos esenciales y no esenciales. El problema con las plumas es que el sistema digestivo de los perros no es capaz de procesarlas y convertir esas proteínas en aminoácidos y péptidos, por lo que su valor nutricional es muy bajo. El uso de plumas en la formulación de un pienso redundará, por tanto, en unas cifras, a priori, muy interesantes, tanto en porcentaje de proteína total como en aporte de aminoácidos, pero su escasa digestibilidad hará que dichos números sean, nutricionalmente hablando, una farsa.

Ocurre algo parecido con el cuero de vaca, incluso con el usado para fabricar suelas de zapatos. Sus números globales para la fórmula pueden ser magníficos, pero no sirven de nada ya que la digestibilidad de sus proteínas es nula.

Otro ingrediente muy utilizado en la elaboración de piensos completos son los subproductos de ave, habitualmente en forma de harinas. Estos subproductos pueden tener un índice de digestibilidad excelente o muy pobre, dependiendo de lo que estén compuestos. Si están formados por vísceras y piel pueden ser muy buenos, pero si, sobre todo, tienen plumas, picos, cabezas y patas, su índice de digestibilidad será mucho menor. Dado que la legislación no obliga a los fabricantes a indicar la composición de estos “subproductos” lo mejor es tratar de minimizar la importancia del ingrediente en la fórmula del alimento que sea de nuestra elección.

 

(Continuará)

Proteínas: la estrella de la fórmula
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