Algunos afortunados viven en zonas donde disfrutan de un clima primaveral y privilegiado incluso en invierno, como es el caso de las Islas Canarias y, casi todo el tiempo, algunas partes del Sureste español, pero, en cualquier caso, siempre es conveniente tener en cuenta “los rigores del invierno” y saber qué debemos hacer para que nuestros amigos de cuatro patas lo pasen lo mejor posible.

 

1. ¿Dónde vive?

Muchos perros pasan la mayor parte del día dentro de casa y hacen un régimen de vida muy parecido al de sus dueños, pero los hay que viven casi todo el tiempo en el exterior. SI su perro es uno de estos últimos, debe valorar la opción de hacerle pasar más tiempo dentro de casa durante los días más fríos y todas las noches o asegurarse de que cuenta con un lugar donde encontrar cobijo adecuado, con una cama protegida del frío exterior y aislada del suelo y con agua disponible, incluso cuando la temperatura es extremadamente baja.

 

2. ¿Vestido o desnudo?

Es cierto que el pelo es el mejor aislante térmico con el que cuenta un perro, pero no todas las razas están preparadas para resistir el mismo tipo de clima. Por eso, aunque algunos lo consideren ridículo, la opción de utilizar ropas especiales para perros durante los días más fríos del invierno es muy adecuada y puede ser de gran ayuda para nuestras mascotas, incluso para aquellas que viven dentro de casa.

Aparte del abrigo, es imprescindible proveer a nuestro perro de una manta adecuada para su cama, que abrigue pero no agobie, que sea resistente y que tenga una buena lavada.

 

3. Atentos a la dieta

El invierno aumenta las necesidades calóricas de los perros. La ingesta es algo mayor que en verano, o de mayor capacidad energética, para ayudarle a generar el calor y la energía que necesita para mantener su actividad. Si aún sigue dando de comer a su perro una sóla vez al día, el invierno puede ser la excusa perfecta para empezar a dividir la ración en dos tomas y así poder dar ese poquito más extra que necesita sin sobrecargar su digestión.

Una vez más, le recordamos que, a pesar del frío, los perros necesitan disponer de agua limpia de manera constante y es importante asegurarse de que los cacharros no se congelan.

 

4. Vigilar el peso

Hemos dicho que las necesidades calóricas aumentan con el frío del invierno pero, ¡ojo!, algunas personas tienden a minimizar su actividad diaria durante este tiempo y salen menos de casa y, por añadidura, sus perros hacen lo mismo y se pasan la mayor parte del día durmiendo junto al sofá o al calor de la chimenea. Si el suyo es uno de esos “perros/oso” que se pasa estos meses hibernando, tenga cuidado entonces de no aumentar mucho su ración o al llegar la primavera se encontrará con un perro gordo al que tener que poner a dieta.

 

5. No a los congelados

No nos referimos, por supuesto, a la comida congelada, helados y demás, sino al efecto que el frío intenso puede producir en determinadas partes corporales de los perros, bien por su exposición continua, como las almohadillas plantares, o bien por contar con menos protección o un peor riego sanguíneo, como es el caso de la punta de la cola y las orejas. En casos especialmente fríos se puede valorar el uso de artículos como botas u orejeras, o la utilización de algunos tipos de crema o ceras aislantes y protectoras.

 

6. Peligros ocultos

Algunas cosas que utilizamos con mayor frecuencia en el invierno pueden, indirectamente, resultar muy perjudiciales para los perros. Es el caso, por ejemplo, de la sal que se emplea para impedir la formación de placas de hielo en calles y carreteras. Esta sal puede ser tremendamente abrasiva para la piel y las almohadillas de los perros, pero su peligro es incomparablemente menor al del líquido anticongelante, tan habitual en cualquier garaje y que se suele usar más en invierno y, a veces, verter o derramar por error. Este líquido, como su nombre indica, no se congela, por lo que un pequeño charco puede permanecer bastante tiempo como tal. Además, su olor y su sabor son atractivos para los perros, pero constituye un veneno mortal que puede acabar rápidamente con su vida.

Otro peligro oculto son los propios coches, aunque suele darse el caso más con gatos que con perros. Algunos gatos y, en ocasiones, algún perro de raza pequeña, puede buscar el cobijo y el calor residual del motor del coche y meterse a dormir bajo el capó, a través del hueco que queda en las ruedas delanteras. Tenga cuidado o puede que al llegar a su destino se de cuenta de que ha transportado al gato de casa o del vecino o, lo que es aún peor, que escuche como a mitad de su viaje el citado animalito cae al suelo y es atropellado sin remedio.

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