2013 (¡tiene narices el numerico!) apenas ha hecho si empezar y ya parece que el panorama no se nos puede pintar más negro.

De las pocas exposiciones caninas que se han celebrado, los números cantan elocuentemente y no parece que los gestores de las Sociedades Caninas hayan encontrado la tecla para conseguir el favor de los expositores.

Muchos se quejan de las listas de jueces, las fechas, la acumulación de exposiciones, concursos, desfiladas y elecciones de Reina de las Fiestas, pero también es verdad que incluso aunque todo esto no se diera, es más que posible que las inscripciones estuvieran donde están… por los suelos.

Porque la cruda realidad es que la cosa esta chunga, chunguísima. Decía Chiquito de la Calzada que estaba friendo los huevos con saliva… ¡qué suerte, tenía huevos que freír!…

La verdad es que la gente está sin un duro, sin un euro, sin un mango, como quieran, pero sin… cero-cero, como la cerveza sin alcohol. Los seis millones de parados, más los nueve millones de pensionistas, más los millones de niños y jóvenes que aún no están en edad de trabajar y algún que otro adulto también deja al final la situación de forma que la cuenta la pagan tres y el de la guitarra. Literalmente.

Así, es más que entendible que los 500 euros de media que puede suponer un fin de semana de exposición, sin hacer muchas virguerías, se atraganten a más de uno y a más de ciento y reserven sus desplazamientos para las citas ineludibles: los puntos obligatorios, la monográfica de su club y las exposiciones de “hoy a comer a casa”.

Cachorros no se venden, el pienso, tampoco, pero no deja de subir, la gente experimenta con productos del súper, dietas BARF y otras historias, con tal de ahorrar un céntimo, pero ni así parece que veamos la punta a esta situación de tristeza y de cierta desesperanza que invade el ambiente.

Pues saben qué les digo, que hasta aquí hemos llegado. En lo que a mi (a nosotros) respecta, no estamos dispuestos a meternos en un agujero y esperar a que escampe. Hace poco leí que cuando viene tormenta, el pesimista amarra el barco y enfurruñado espera a ver como el mar lo destroza contra el puerto, el optimista arría las velas y espera a que la tormenta pase y el emprendedor coloca sus velas del lado que el viento le puede llegar a algún lugar.

Pues eso. Ya saben. Aquí, en Perros 365, tenemos espíritu emprendedor y ¿saben qué? Esperamos que este virus sea contagioso.

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