La distocia es toda aquella situación que provoca que el parto no se inicie, continúe o finalice con normalidad. Cualquier tipo de distocia debe ser tratado como una emergencia veterinaria.

La distocia es poco frecuente en hembras activas, sanas, en un buen estado de forma y con la adecuada madurez (ni muy jóvenes, ni muy mayores) En el caso de perras mayores de 7 años o menores de 18 meses, los casos de distocia se multiplican.

También hay episodios de distocia asociados a determinadas razas, como veremos más adelante, o relacionados con estados de malnutrición, anormalidades físicas o debidos a alguna enfermedad padecida por la madre.

Antes de recurrir a la ayuda del veterinario para solucionar una distocia, es importante estar seguro de que no se trata de una variación normal durante el proceso del parto. Tan malo es no actuar cuando es necesario como hacerlo cuando no hace falta, ya que una cesárea, por ejemplo, es siempre un proceso de riesgo tanto para la madre como para los cachorros.

 

Interrupción del parto

Si el parto se inició con normalidad y se para por cualquier razón, la vida de alguno de los cachorros, de la camada al completo o incluso de la madre, puede estar en peligro. Una llamada a tiempo puede ser determinante para salvar vidas. Por eso es tan importante saber reconocer una distocia y su gravedad. A veces, una distocia leve puede solucionarse fácilmente, especialmente si el criador tiene la suficiente experiencia, pero en muchos otros casos requerirá de la asistencia veterinaria profesional.

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Distocias de origen materno

La distocia puede tener su origen en el feto o en la madre. Las distocias de origen materno están relacionadas con algún impedimento físico que impide que el parto evolucione correctamente, como puede ser un canal de parto demasiado estrecho o abrupto, debido a la inmadurez de la perra o a alguna afección pélvica previa.

Otras causas pueden ser una inercia uterina primaria, en la que la madre deja de tener contracciones y, por tanto, los fetos no pueden aproximarse al canal del parto, o una torsión uterina, aunque este caso es muy raro y muy grave.

Es muy importante recordar al criador, ya sea novato o experimentado, la importancia de contar con una estancia aislada y tranquila para asistir al parto de la perra. A veces se pueden dar casos de distocia inducida por el estrés, causado por presencia de personas extrañas o por ruidos innecesarios que provoquen una sensación de inseguridad en la perra y la retraigan a la hora de proseguir con el parto.

El mejor consejo que se puede dar en caso de que sospechemos de que se está produciendo una distocia, es que llamemos al veterinario. Éste someterá a la madre a un examen rutinario para descartar o detectar problemas físicos y decidir el protocolo de actuación.

Un gran porcentaje de casos de distocia leve se resuelven administrando alguna inyección de hormonas, pero esto debe hacerse de forma muy cuidadosa, medida y siempre bajo el estricto control del veterinario.

Cuando no se puede solucionar por esta vía o de manera mecánica (a veces un cachorro atascado en el canal puede provocar una distocia) entonces es preciso practicar una cesárea a la perra, para salvaguardar su vida y la de los cachorros, tanto de los ya nacidos como de los que aún no lo han hecho.

 

Inercia uterina

La inercia uterina primaria se produce en un parto normal, que ha seguido todos los estadíos previos sin aparente problema, hasta que, por una causa indeterminada, se para. Si la temperatura de la perra cayó hasta lo normal para el inicio del parto, pero no se observan contracciones o signos de parto durante 24 horas, es posible que estemos ante un caso de Inercia Uterina Primaria que requiere de la intervención médica inmediata.

A veces se pueden inducir las contracciones utilizando algunas técnicas de estimulación por masaje, pero que sólo se deben practicar si se conoce la manera perfectamente. También se puede solucionar con unas inyecciones hormonales que serán administradas de la forma y en las dosis adecuadas, sólo por el veterinario. Lo mismo se puede decir para la inducción de las contracciones mediante la perfusión intravenosa de soluciones de calcio. Son muy efectivas, pero también entrañan riesgos que sólo un veterinario puede asumir. Una dosis incorrecta o una administración demasiado rápida, puede provocar un fallo cardiaco en la hembra.

Muchas veces, la cesárea es la única solución posible.

 

Fatiga uterina

También llamada inercia uterina secundaria, porque la causa suele ser la fatiga por un parto demasiado largo, por esperar muchos cachorros o por un estado de forma inadecuado (obesidad, edad avanzada, etc…) Es más común en las perras mayores, pero se puede dar también cuando la expulsión del primer cachorro es dificultosa y entraña un gasto extraordinario de energía. Por eso es importante que, una vez que estemos seguros de que el parto se ha iniciado, ayudemos en lo posible a la madre para que nazca el primer cachorro y luego todo el proceso se desarrolle de manera normal.

El tratamiento de la inercia secundaria suele ser parecido al de la primaria. Es fundamental un diagnóstico rápido y preciso, pero la cesárea suele ser una de las soluciones más comunes.

 

Torsión uterina

Es el tipo de distocia más raro. Ocurre cuando el útero, con todos los cachorros dentro, gira sobre si mismo y se retuerce, bloqueando la salida natural de los fetos desde los cuernos uterinos hacia el canal de parto.

Aunque la torsión uterina sólo se puede diagnosticar inicialmente mediante una placa de Rayos-X o el uso de algún elemento de ultrasonido, como una ecografía, por ejemplo, es preciso confirmar dicho diagnóstico mediante una laparotomía. Cuando se da una torsión, tanto los cachorros como la madre corren serio peligro y una cesárea inmediata es la única solución. En algunas ocasiones, si el daño producido por la torsión es importante, se hace imprescindible la práctica de una histerectomía.

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Distocia de origen fetal

La distocia fetal está causada casi siempre por anormalidades de los cachorros: fetos muy grandes o fetos deformes o inviables.

Algunas razas están más predispuestas a este tipo de distocias, debido al tamaño o conformación especial de su cabeza, por ejemplo.

También puede provocar una distocia la presencia de un feto muerto que no colabora con el parto y provoca que la madre se fatigue en exceso durante el proceso, o por presentaciones anormales que dificultan el nacimiento.

Muchas de las distocias fetales se solucionan con la manipulación adecuada, pero en algunos casos es preciso también practicar una cesárea.

 

(Continuará: Cómo reconocer y actuar ante una distocia)

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