Es un hecho constatado que las inscripciones en las exposiciones han experimentado un descenso continuado en los últimos años. No pasa sólo en nuestro país, sucede de manera generalizada en el mundo canino, por lo que sustentar la razón de dicho descenso en el azote de la crisis económica, si bien no se puede negar que sea una de las partes que intervienen en la ecuación final, no es la única y, tal vez, tampoco la más importante.
Los expositores se quejan, no sin falta de razón, de la disminución en los servicios que reciben a cambio de sus inscripciones, cuyos precios, por cierto, nunca han dejado de subir. La política de alentar la inscripción en un primer plazo para facilitar la organización de las exposiciones y (ya no) la impresión del catálogo, se afrontó, en nuestra opinión, mal desde el principio. Es posible que la psicología no juegue un gran papel en esto, pero si a uno le dicen: «La inscripción vale 50,00 €, pero si inscribes antes de tal fecha, TE DESCONTAMOS un 30% y se te queda en 35,00 €» parece que paga menos que si le dicen: «La inscripción vale 35,00 € pero como te pases de tal fecha TE SUBIMOS UN 45% y se queda en 50,00 €»
Encima, los primeros plazos, los baratos, cada vez terminan con más antelación, con lo que el porcentaje de perros inscritos en ellos es mínimo y, además, se añade un tercer plazo que aumenta considerablemente el rejonazo. Ya casi nadie (hay excepciones) entrega un catálogo impreso, elemento valiosísimo para la cinofilia organizada, para anotar cosas, planificar cruces, buscar referencias, etc… Por no darse, ni los dorsales siquiera, que suelen venir en un correo para que te los descargues en casa. Los días previos a las exposiciones, el catálogo digital anda pululando por el espacio 2.0 al alcance de cualquiera, no sólo de los expositores, sino de todo aquel que pueda recibirlo, lo haya pedido o no, con todo lo que esto implica.
Apenas se entregan regalos a los expositores, ni por parte de la organización ni de las casas comerciales, que también pierden interés en acudir a las muestras. Pero algo que también preocupa, y cada vez más, al expositor medio, es el tema de los jueces, tan recurrente en este deporte nuestro tan particular.
Sin entrar a valorar las razones, implicaciones, obligaciones o compromisos que pueden llevar a que un juez sea invitado a una u otra exposición, lo cierto es que el expositor se siente, siempre, como el último mono en una feria que, al final, es él quien costea y por eso el desencanto cunde y se hace cada vez mayor.
Inglaterra es, sin duda, no sólo una de las cinofilias organizadas más antigua, arraigada y eficiente del mundo, sino, también, una de las más tradicionales y conservadoras, con muy poca tendencia a efectuar cambios, salvo que se perciba que con ellos se da un beneficio real. Por eso sorprende aún más la iniciativa que, de manera pionera, ha lanzado Steve Hall, Secretario de la Exposición Canina de Blackpool, quien ha propuesto que los expositores, los aficionados, sin importar que hayan participado o no en su última edición, puedan proponer candidatos para juzgar las razas en los próximos años.
De momento, para 2015 y 2016 tienen todo el panel completo (cosas de los ingleses) pero para 2017 cuentan con una serie de razas aún sin cubrir. Mr. Hall pide que quien esté interesado en proponer un candidato envíe un correo electrónico con el nombre de este, la última vez que juzgó la raza y, si es posible, el número de perros inscritos que tuvo, asegurando que todas las propuestas serán estudiadas de manera rigurosa.
No se dan muchos más datos acerca de cómo se valorará a unos candidatos sobre otros o si se tendrá en cuenta aquellos que reciban mayor número de peticiones, etc,… pero lo significativo es que se trata de un paso adelante novedoso que abre la puerta de la organización de los eventos a sus protagonistas reales.
No sería descabellado que, al hacer una inscripción para una exposición, el expositor recibiese un formulario para que propusiera un juez para el año siguiente para las razas que expone. Estudiando las propuestas, seguro que habría coincidencias o discrepancias interesantes y se podrían sacar muchas conclusiones e incluso elaborar un listado acorde a las tendencias y los gustos de los expositores, dejando, claro está, siempre abierta la puerta a ciertos ajustes para las necesidades organizativas.
Tal vez esta iniciativa de Blackpool se quede en anecdótica y no llegue más allá, pero, ¿quién sabe? tal vez se convierta en el origen de una nueva forma de gestionar y organizar las exposiciones. El tiempo dirá.




