Manolo Pérez es aficionado a los perros de toda la vida. Se considera una persona normal, con un estilo de vida y una familia normal, sin grandes pretensiones.
Casado con Marisa, su novia de toda la vida, son padres de un niño de 5 años, Héctor.
Manolo y Marisa son de Madrid y viven en una urbanización de clase media en la localidad de Nuevo Baztán, en una casa de 150,00 metros con una parcela de 800.
Tienen tres pastores de Brie: un macho y dos hembras. Hace seis años compraron una hembra a la que hicieron Campeona de España y cuando la cruzaron, con uno de los mejores reproductores de Francia, se quedaron con una cachorra que ya tiene tres años. Hace año y medio tuvieron la oportunidad de hacerse con el mejor macho de una camada y, por el momento, no piensan en aumentar el número de perros en casa.
Manolo estudió Empresariales y trabaja en una consultoría de Madrid. Todos los meses se lleva a casa un sueldo neto de 2.239,50 €. Marisa trabaja en Administración en las oficinas de un conocido Club deportivo de la capital y cada mes ingresa 1.526,63 € netos, lo que, en total, suponen unos ingresos netos de 3.765,13 € para la familia.
Como los dos trabajan en el centro de Madrid y tienen buena combinación de transporte, utilizan el transporte público y tienen dos abonos anuales de la Zona C2, lo que les supone un gasto de 170,00 €/mes. Así, además, no tienen que usar a diario su Ford S-Max, que compraron hace menos de un año y que les sirve para viajar con Héctor y los perros, ir a la playa o a la sierra, a exposiciones, etc… Todos los meses tienen que pagar una letra de 300,00 €.
La casa de Manolo y Marisa no es nueva, pero tampoco vieja. La compraron en 2003, el año que se casaron, cuando el mercado inmobiliario estaba en pleno auge y aunque hicieron una buena operación, tuvieron que gastar algo más en reformas, lo que hizo que la hipoteca, a 35 años, se ponga, hoy día, en una cuota mensual de 785,00€.
Ninguno de los dos es especialmente presumido, pero por su trabajo necesitan tener un vestuario más o menos decente, a lo que hay que sumar el gasto en ropa que supone tener un niño en pleno crecimiento. Aún así, el presupuesto para esta partida no pasa de unos 125,00 €/mes. La comida se lleva algo más, a pesar de que ellos comen en el trabajo y les dan talones/restaurante. Con todo, no baja de 400,00 €/mes lo que supone la comida, productos de limpieza, aseo, etc… más 55,00 €/mes del comedor escolar de Héctor.
Hace unos meses Manolo aprovechó una oferta de Movistar para contratar un plan que incluía el teléfono fijo de casa, sus dos móviles y la televisión, incluyendo el fútbol, y está muy orgulloso de pagar sólo 75,00 €/mes por todo eso. Le duelen más los casi 60,00 €/mes de media que suponen los impuestos municipales, IBI, etc… porque los 50,00 €/mes de gastos de Comunidad parece que se ven más, sobre todo si tenemos en cuenta que incluyen al personal de seguridad de la urbanización.
Entre la luz, el gas ciudad, el agua y la basura, los Pérez gastan 180,00 € todos los meses y no hay forma de bajar la factura, como tampoco parece posible pagar menos de 300,00 € a Lucinda, una chica boliviana que recoge a Héctor del cole todos los días, lo lleva a casa, le da la merienda y empareja un poco la casa o plancha la ropa durante las dos horas, a veces un poquito más, que pasan hasta que llega Marisa.
A los perros, que para ellos son parte de la familia, no les miran mucho los gastos, pero tres Briards, comiendo un buen pienso para que tengan el pelo en excelentes condiciones, más los gastos de veterinario, seguros, productos de cosmética (porque los arreglan ellos) y una pequeña contribución que hacen en un club local donde se juntan una noche por semana para trabajar un poco la obediencia, el carácter o entrenar para los shows, al final es raro que no se vayan otros 300,00 € cada mes.
Esa misma cifra, 300,00 €, es lo que los Pérez tratan de meter cada mes en otra cuenta, la de seguridad, en la que ahorran para el futuro, para el suyo y, sobre todo, para poder ayudar a Héctor cuando llegue el momento de estudiar en la Universidad o de empezar su vida independiente.
Así, sin hacer grandes cosas y sin lujos o extravagancias, de los 3.765,13 € netos que los Pérez, unos privilegiados con un buen trabajo cada uno, llevan a casa cada mes, 3.100,00 € “vuelan”, de manera sistemática, con lo que les quedan 665,13 € para extras, para caprichos, incluyendo el café que se tomen cada día y los 10,00€/mes que supone, prorrateado, su pertenencia como socios a la Sociedad Canina y al Club de Raza.
Vamos de exposición
Los Pérez tienen buenos perros, muy buenos y por eso les gusta ir a exposiciones con ellos, además de tratar de pasarles las pruebas de carácter que piden los clubs de la raza en España y Francia. Esta afición les ocupa gran parte de su tiempo libre y a través de ella, a lo largo de los años, han conocido a muchos y buenos amigos, en España y el extranjero.
A pesar de todo, no se consideran criadores ni expositores “profesionales”. Su vida tiene otras prioridades: sus trabajos, su hijo, su familia. Siempre han querido tener buenos ejemplares. La primera Briard, que tuvieron la compraron en una tienda de Madrid y, a pesar de ello, tenía la calidad y genealogía suficiente como para obtener algunos CACs en exposiciones. Se llamaba “Tata” y la adquirieron en 2002, antes de casarse. La criaron en casa de los padres de Manolo, hasta que se fueron a su nuevo hogar. Nunca pudieron criar con ella porque era tendente a los embarazos psicológicos y tuvieron que vaciarla a causa de una piometra cuando tenía cuatro años.
Vivió hasta los diez años y siempre fue la jefa de la manada. Cuando tuvieron la camada con Rita, Tata se portó como una madre auxiliar, como una abuela, disfrutando de la compañía y el juego de los cachorros.
Con Rita hicieron una campaña muy exitosa por España, Gibraltar y Portugal. Llegaron a competir en la National d’Élevagè de Francia, quedando 3ª en Clase Campeones.
Cuando nació Héctor bajaron un poco el ritmo de los viajes y, aparte de la Monográfica y los Puntos Obligatorios, sólo iban a las exposiciones que les permitían ir y volver en el día.
Ahora, con el niño un poco más mayor y teniendo a “Beba”, la hija de “Rita” y a “Taco”, el macho, empezaban a moverse más y trataban de ir a exposiciones incluso de fin de semana.
El verano había sido caluroso, especialmente a finales de Agosto y principios de Septiembre, lo que retrasó la muda de los perros. Además, “Beba” tenía que haber entrado en celo a principios de Octubre, por lo que Manolo estuvo esperando antes de hacer las inscripciones para ir a la Exposición de Murcia.
En Talavera, en el Punto de Otoño, tuvieron uno de esos días mágicos y consiguieron ganar el CAC con los dos perros, lo que les daba la oportunidad de terminar el Campeonato de España en un par de exposiciones.
Faltaba un mes para la Exposición de Murcia y, con la emoción de lo conseguido en Talavera, Manolo decidió inscribir a los dos perros y tomarse un fin de semana perruno con la familia.
La inscripción de sus dos perros, para las Exposiciones del Sábado y el Domingo, en el tercer plazo, le costaba 141,50 €. A ello debía sumar los 181,00 € del Hotel Spa Torre Pacheco (Habitación Doble más niño, desayuno incluído) que unos amigos le habían recomendado. Se olvidaron de mencionarle que tendría que pagar veinte euros extra cada noche por los perros, o sea, otros 40,00 €, además de 12,00 € para aparcar a buen recaudo su S-Max todavía sin terminar de pagar y 4,00 € por usar el Parking de la Exposición. Para ir a Torre Pacheco desde casa, además de los desplazamientos cortos entre la exposición y el hotel y, tal vez, una salida para cenar, haría algo más de 950 kilómetros, que en combustible suponían unos 113,00 €. Cenarían el Viernes al llegar al Hotel, o tal vez en algún área de servicio, si Héctor no aguantaba todo el viaje. También tendrían que cenar el Sábado, seguramente con sus amigos y el Domingo a la vuelta de la Exposición, también en algún área de la autovía. Sábado y Domingo comerían en el recinto de la Exposición, en alguno de los múltiples chiringuitos que siempre había en IFEPA. En total, no creía Manolo que pudiera gastar menos de 170,00 € en estas comidas, lo que hacía una suma de 661,50 €… es decir, algo más de lo que les quedaba para todo el mes después de afrontar todos sus gastos…
Estaba mirando la hoja donde había apuntado todos esos gastos, con cierto asombro, cuando oyó el coche de Álvaro, su “vecino pijo”. Venía de jugar al golf “ese deporte es de ricos y de pijos- decía siempre Marisa”. Álvaro era socio del campo de golf de Retamares. Su abono le costaba 1390,00 € al año, o, lo que es lo mismo, unos 115,00 €/mes, más los 5,00 € de Green-fee que pagaba cada vez que salía al campo (un par de veces por semana) Había estado jugando un Torneo. Pagó 15,00 €. Al recoger la tarjeta le dieron una bolsa con una cajita de bolas, una bolsa de tees, una gorra y un polo de regalo. A media mañana, a mitad del recorrido, les ofrecieron un tentempié con sándwiches y bocadillos, refrescos, fruta y barritas energéticas. Al acabar de jugar, mientras se dilucidaba la clasificación en las diferentes categorías, les invitaron a una estupenda comida en el restaurante del club, para participantes y sus acompañantes y, a los postres, empezó la entrega de Trofeos. Los tres primeros de cada una de las distintas categorías, además de una bonita copa, se llevaban algún regalo, casi todos material deportivo donado por los patrocinadores. Los ganadores, además, podrían jugar una final nacional, en Cádiz, invitados con todos los gastos pagados y, además, si ganaban allí irían una semana a la final internacional que se disputaba en Tailandia. Después de terminar con los ganadores, se efectuó un sorteo con gran cantidad de regalos: bolsas de viaje, maletas, palos de golf, relojes, etc… A Álvaro le tocó un viaje de fin de semana a Canarias.
-¿Y siempre es así?- le preguntó Manolo- Si, claro… siempre… bueno, a veces hay regalos mejores… en lo de los perros os dan pasta, ¿no?…
Manolo volvió al salón. Se sentó y se quedó mirando la hoja de gastos para el viaje a Murcia. Pensó en los días de preparación. En como tendría que tener a los perros a punto, perfectamente en condiciones. Cinco horas de viaje, llegar al hotel, sacar a los perros, ocuparse de Héctor, etc, etc… Si todo iba bien, volverían a casa dos días después con sus CAC, con sus perros Campeones, con unos diplomas de cartulina, puede que alguna copa conseguida en los grupos y con las fotos y los recuerdos del fin de semana. Punto. Si no iba tan bien, volverían igual de cansados, con el mismo dinero gastado, con el mismo riesgo corrido en carretera, sufriendo la salida y la entrada de Madrid, para entrar a un Ring, y que un señor italiano y un noruego les dijeran “apandaun”, “teicaraund”, tocasen sus perros por un minuto y se acabó lo que se daba… Ni una explicación, ni un consejo, ni una recomendación, ni una comparación con quien hubiera merecido ganar, ni un rapport por escrito… nada… dos minutos de reloj y para casa. Eso era lo que el 99% de los participantes en una exposición canina sacarían en claro de ésta: dos minutos del precioso tiempo de un señor que, en el mejor de los casos, sería cortés y educado con ellos y con los perros.
Volvió a mirar la hoja. Pensó en que, seguramente, ese mes tocaría recortar algo del fondo de ahorros que les gustaba guardar. Pensó en su vecino “el pijo”. Arrugó el papel, lo tiró a la chimenea y musitó: “No tiene sentido”
Epílogo
Muchos de los que hayan llegado hasta aquí se habrán visto identificados en una historia que pone como ejemplo a una pareja normal, con una vida normal, sin nada extraordinario. Personas que, en definitiva, deben ser la base que sustente la cinofilia organizada en cualquier país del mundo. Buenos aficionados que tienen uno o dos perros, que tal vez crían una camada cada tres o cuatro años para seguir con su pasión, que intentan hacer las cosas bien y que quieren llevar a sus mascotas, porque antes que nada son eso, a exposiciones donde demuestren lo buenas y bonitas que son.
Estamos hartos de oir que las exposiciones bajan en número de inscripciones, que los recintos cuestan muy caros, que los viajes de los jueces son prohibitivos. Todo es cierto, pero también lo es que cuando se decide recortar se hace siempre por donde le duele al que paga: no se dan catálogos, no se dan dorsales, no se dan regalos, no se da nada… por no dar, ni siquiera se da un rapport por escrito en el que el juez pueda justificar su opinión, su juicio y su calificación del ejemplar, para que el propietario aprenda un poco más o sepa valorar en su justa medida la opinión del juez.
Manolo y Marisa son reales. Aunque no se llamen así. Como ellos, cada vez más gente mira lo que le cuesta salir un fin de semana con un par de perros para ir a una exposición. Hay quien, directamente, no puede asumir ese gasto. Otros, valorarán lo que pueden hacer con ese dinero. Las alternativas que tienen y lo que con ellas obtienen a cambio. Por eso, o nos sentamos todos, pero especialmente los que son responsables de la organización y desarrollo de eventos caninos en España y tratamos de buscar y encontrar las soluciones, o cada vez serán más los que arruguen el papel y lo tiren después de decir “No tiene sentido”